domingo, 10 de agosto de 2014

Canciones que no te dejan indiferente IV

Este grupo pasó completamente desapercibido. Como tantos otros. De hecho, una de sus canciones consiguió ser, al menos, escuchada, gracias a una película española conocida hace unos años porque había sido rodada con un millón de pesetas y la ayuda de muchos amigos de los directores. Lo que le llevó a ser considerada como la película más barata de la historia del cine español. La película, llamada La Fiesta, tuvo una cierta repercusión a nivel nacional e internacional, sobre todo en festivales. Y la tuvo por ese dato que acabo de dar. Está bien filmada, los actores intentan hacerlo lo mejor posible y no se lo toman a cachondeo, aunque seguramente ninguno de ellos cobró por participar en ella. Dos de ellas tuvieron algo parecido a una carrera en el cine con el paso de los años. Me acuerdo solo de Norma Ruiz y Alexandra Jiménez.


La película, cuyos protagonistas son exclusivamente jóvenes menores de 25 años, no destacaba por nada especialmente, salvo por su banda sonora. Muchas canciones de músicos españoles, fácilmente reconocibles. Sin embargo, la que aporto en esta ocasión, una de las primeras en ser escuchada en la película, pertenece a un grupo denominado La tercera república. Por supuesto, unos desconocidos, habituales de los circuitos de la música marginal madrileña en la que tocas por un par de cervezas o por el 10% de las consumiciones durante tu actuación. Estos chavales llegaron a grabar, pero no hay un videoclip de esta canción. Solo se encuentran actuaciones grabadas en locales con un móvil o una cámara de mano, en YouTube.


La tercera república- Me rindo

viernes, 8 de agosto de 2014

Confesiones V

Un día en el que algo no te hace llorar de emoción, es un día que no has vivido.

Una de Grey (sí, de Cincuenta sombras de Grey)

Yo tengo que reconocer que leí el primer volumen de la trilogía para fijarme en la técnica literaria que utilizaba E.L. James para desarrollar la trama y construir a los personajes. Había oído hablar tanto de ella (quién no), que parecía la revolución literaria del siglo XXI. Por tanto, también había una buena dosis de curiosidad. Ambos apartados quedaron satisfechos. Y muchos apuntes en la cabeza, fundamentalmente para intentar encontrar la piedra filosofal, es decir, cómo rayos escribir una novela que se convierta en un fenómeno de masas y te retire para el resto de tu vida con las ganancias de tus ventas. Supongo que muchos buscamos eso.


Hay mucho que opinar sobre este libro, y cualquiera puede hacerlo con mayor o menor autoridad. Como tener razón o no tenerla. Aquí expongo yo mis razones. Por mi parte, mencionaré al menos tres factores, dos objetivos y uno subjetivo que me he ido preguntando desde que leí los dos primeros volúmenes.


El primero de ellos se refiere a la autora como tal. No es, por supuesto, una recién llegada al mundillo literario. E.L. James disfruta de una dilatada trayectoria como periodista en su país y, por supuesto, dispone de los contactos necesarios para no tener que mandar su manuscrito original a doscientas editoriales, que le responda una y le ofrezca uno de esos contratos que los autores desconocidos tiramos a la basura porque vendes tu alma después de haber escrito. Firmar un contrato en el que cedes tus derechos al 10% bruto de la venta de descargas en internet durante quince años es, sencillamente, vergonzoso. Pero es lo que hay hoy en día. Por tanto, la escritora, probablemente ya tenía editorial cuando empezó a escribir, solo con enviar un resumen, una sinopsis. Así cualquiera, ¿no? Pero no es algo criticable. Un periodista puede escribir una novela y un novelista escribir un artículo de opinión. De hecho, yo hago las dos cosas. Pero para mi desgracia, yo no soy E. L. James o J.K. Rowling. Qué más quisiera.


El segundo factor es, básicamente, lo que ha escrito. La atormentada historia de amor y pasión sexual entre dos personajes antagonistas. Muy bien. Debe haber cientos de novelas con ese mismo argumento. Pero en la concepción de la novela está el secreto. La autora pensó, o eso creo yo, cómo podía escribir una novela que fuera más allá de la literatura romántica de toda la vida pero que no alcanzara tintes de escandalosa. La pretensión era, por supuesto, llegar al mayor número de lectoras femeninas posibles. Todas aquellas mujeres que no se sienten satisfechas con su vida sexual o que, sencillamente, no la tienen, y encuentran en la descripción de la relación entre Christian y Anastasia la vía para dar rienda suelta a esas fantasías que ellas no pueden cumplir. No es la típica historia de chica busca chico, chica encuentra a chico, se produce algún suceso que impida momentáneamente que la relación dé sus frutos pero al final de la historia ambos se encuentran y pueden iniciar su historia de amor. Lo dicho, de eso hay a miles. E. L. James lo plantea de una forma diferente. Introduce a un personaje femenino, Anastasia Steele, que prácticamente no ha tenido contacto anterior con hombres, o eso se sugiere, y de la noche a la mañana se encuentra con el hombre aparentemente perfecto. En esa historia no hay obstáculos de terceros que impidan la relación. No es la novela romántica de siempre. No. Aquí hay mucho más que eso, y es en ese ambiente de pasión y desconcierto in crescendo por parte de la protagonista y la inequívoca elección de Christian Grey el que provoca que el interés por la novela suba por parte del lector.


Para un lector masculino, el personaje de Anastasia Steele, además de no resultar creíble, llega a antojarse como casi antipático. Pero es una mujer y descubre al hombre de sus sueños, lo cual provoca que esa antipatía en la lectura de lo que es su vida cotidiana antes de sucumbir ante los encantos del millonario, vaya disminuyendo. Por supuesto, Christian Grey tampoco es un personaje creíble. Pero la autora no los construyo para que lo resultaran. Sabía exactamente lo que quería hacer con ambos. La tensión sexual entre ellos no tarda en aparecer, y a partir de ese momento, se abre un mundo nuevo en el que la protagonista se plantea todo lo que está haciendo y el protagonista quiere seguir con lo que le han enseñado hasta entonces, pero se da cuenta de que ella es diferente de las anteriores y, a pesar de que lo intenta, no puede seguir el mismo camino que con las sumisas anteriores. En ese sentido, es muy valorable el segundo volumen en cuanto a la descripción psicológica con la que se intenta explicar el comportamiento de Grey y el trauma que le ha provocado la señora rubia. Y memorable la escena en la que aparece en la fiesta y entra en acción la madre de Christian.


La novela engancha, por supuesto, debido sobre todo al segundo factor. Hasta donde tengo entendido, la autora ha ganado alrededor de ochenta millones de dólares por la trilogía. Solo a la altura de un Stephen King o de un Dan Brown con su última y criticadísima Infierno, porque es más de lo mismo. En ese punto solo se puede sentir una cierta envidia. La autora ha encontrado el tema perfecto y lo ha desarrollado de una manera perfecta. Sin alcanzar grandes niveles de calidad literaria, ha conseguido que le leyeran en los cinco continentes. El secreto está en el primer volumen. Ahí hay una historia completa, en la que ya deja paso a las primeras fantasías con las que sueñan las mujeres, que son las lectoras universales. No los hombres. Quien quiera escribir una novela que guste a los hombres, fracasará rotundamente. A los hombres nos da envidia Christian Grey e incluso llegamos a odiarle. Demasiado perfecto para nosotros, aunque la autora introduzca esa parte de su personalidad atormentada. En mi opinión, una simple manera de que no sea tan perfecto. Precisamente para que los hombres no se harten de un multimillonario increíble, cierren la novela y no sigan leyendo. Al menos, conmigo, lo consiguió. También es acertadísimo el intercambio de correos electrónicos. Aunque tengas que hacer otras cosas, sigues leyendo porque, simplemente, te engancha y quieres saber qué escriben en el siguiente correo. Por supuesto, absoluto mérito de la autora. Aunque para un informático, la estructura de los encabezamientos de los emails sea incorrecta.


La segunda parte, sin embargo, hace aguas en todas direcciones. Básicamente hablando, se trata de un mínimo guión, una pequeña trama argumental, que sirve de excusa para que Anastasia y Christian sigan con su desenfreno sexual, con el plástico del condón rasgándose cada dos por tres antes de ser utilizado y, solo al final de la misma, te encuentras con un argumento digno de una novela. A mí me costó tanto terminarlo que, hasta llegar a la fiesta en casa de los Grey, llegué a saltarme páginas enteras porque se trataba de una escena de sexo tras otra. Pero el final valía la pena, aunque tener que esperar cuatrocientas páginas te quita las ganas de, por ejemplo, leer la tercera parte. Pero E.L. James no es tonta, y sabía lo que estaba haciendo. Por eso introduce el final de la segunda parte. Sabe que los lectores se van a quedar intrigados por lo que pueda pasar en la tercera entrega. Muy astuto por su parte. Todos esos detalles hay que reconocerlos. Le salió clavada.


Y un tercer detalle que a mí me ha hecho reflexionar, porque la variedad era excesiva. Hay decenas de encuentros sexuales. Cuando los describes, y yo tengo experiencia en ello a través de mis novelas, hay que encontrar la manera de que no se conviertan en repetitivos. Ya no se trata de hacerlo en la ducha, en el camarote de un barco, encima de la mesa de tu despacho... Eso es algo típico y tópico. Se trata del ambiente creado en cada escena. La clave es describir las sensaciones en cada escena íntima. Y eso no se consigue solo con imaginación. Tampoco solo con práctica. Lo que yo me pregunto, a partir de esa conclusión, es ¿de dónde ha sacado E. L. James el material para describir como treinta o cuarenta encuentros sexuales distintos? ¿Ha recurrido a la videoteca especializada? ¿Ha dejado reventado a su marido? Me parece que lo segundo, no. Desconozco la respuesta, pero no dudo de que se habrá documentado a fondo, y no precisamente en persona.


A pesar de todo ello, sin duda es una trilogía que merece una felicitación. La autora ha conseguido sus objetivos. Ser leída en todo el mundo y ganar tanto dinero que no necesitará ni trabajar ni escribir más. A ver si le sucede lo mismo que a la autora de Harry Potter, que gracias al éxito de sus relatos juveniles intentó escribir después una novela para adultos, y pasó completamente desapercibida para lo que en ella era costumbre, es decir, vender millones de ejemplares.


Pero ¿a qué escritor no le gustaría ser E. L. James?

jueves, 7 de agosto de 2014

Entre escritores, Entreescritores.com

Hace veinte, treinta años, no sucedía esto. Hace treinta años podías tener tu oportunidad. Los que escribían algo bueno, en novela, poesía, ensayo, relatos infantiles... Cualquiera de las variedades que ofrece y ha ofrecido siempre la literatura valía para que te hicieras un hueco. Cierto que no todos podemos aspirar a ser un Cela, un Reverte (cuando escribe algo que es suyo) o los que hoy serían el ejemplo a seguir por todos, Zafón, por la libertad que tiene para tomarse su tiempo para escribir sin una fecha de entrega y Julia Navarro, tan de moda en nuestros días.


Pero hoy ya no es así. Estudiantes de literatura, y licenciados en literatura, los ha habido siempre. No deja de ser una carrera universitaria relativamente sencilla, aburrida para algunos, inútil para la mayoría y que en el peor de los casos solo te sirve para que, al escuchar el nombre de un libro, tardes décimas de segundo en relacionarlo con un nombre de autor. A nadie le interesa, hoy en día, saber que unas anotaciones en los márgenes de las latinas Glosas Emilianenses, escritas en una lengua distinta, varias en realidad y más dialectos que lenguas, son consideradas como la primera manifestación escrita del castellano. Incluso hay una nueva tendencia que pone en entredicho esta afirmación y la atribuyen a los Cartularios de Valpuesta. Si se trata de filólogos con treinta años de servicio, todos quieren tener razón. Pero de todo ello se extrae una conclusión: ¿A alguien le importa? Parece que solo a nosotros. Y si estudias Filología para ser profesor de Lengua, ni siquiera eso.


Pero volvamos al panorama actual. El panorama actual se resume en lo que ya he comentado anteriormente: nadie publica a un escritor que se llama José García o María Pérez. ¿Quién es el tal José García? ¿Por qué tiene un nombre tan común, que no vulgar? ¿Quién diablos va a leer la novela firmada por semejante nombre? Y yo, que me llamo Jorge Fernández, pues lo mismo, que si quieres arroz.


Por eso, hoy en día, entre los millones de personas que se han puesto a escribir porque no hay trabajo de lo suyo y los que pueden escribir porque han recibido la formación necesaria para ello y es su vocación, somos legión. Y a una legión no se le puede dar de comer si no tienes una cocina poderosa, dotada de muchos cocineros y de mucha comida. La analogía es evidente. Los cocineros son las editoriales y la comida las obras literarias. Por eso se agradece cualquier contribución para que los que escribimos casi de una manera anónima, dispongamos de vehículos para promocionarnos.


Hay unos cuantos ejemplos en internet, pero me quiero fijar en uno concreto. El modelo es innovador y el equipo de trabajo excelente. Me refiero a la plataforma de autopublicación www.entreescritores.com. Todo nace para convertirse en un negocio, pero a unas se les distingue más que a otras. Unas se limitan a albergar tus contenidos y permitir que agentes y editoriales accedan a su página para empezar a leer y valorar lo que tienen delante. Entreescritores va mucho más allá. Se les podría definir como dinámicos. Un ejemplo de gente, joven o no, ya que en este mundo esa condición no es una virtud, cuya principal característica es la lluvia de ideas. Es sentarse en la mesa de un despacho o por cualquier otro medio y pasarse las veinticuatro horas del día pensado: "¿Cómo podemos mejorar nuestra plataforma?" "¿Qué ideas podemos añadir para ayudar a nuestros escritores que desean publicar?"


Obviamente, muchos de los que se apuntan no alcanzan el sueño de publicar y ganar dinero. Muchos escriben porque les sale de dentro, y es bueno reflejar en las letras lo que pasa por tu corazón, por tu alma, y no deseas que se quede en un sentimiento anónimo, en unas sensaciones que nunca pasarán de meros pensamientos. Todo el mundo tiene derecho a escribir y todo el mundo tiene derecho a publicar. Con este equipo de Entreescritores publicas, y como mínimo, te emocionas al comprobar que eso que te ha llevado seis meses plasmar en el ordenador, consiguiendo un conjunto de ideas coherentes llamadas novela, ensayo o poesía, se ha plasmado en algo real y tangible y otras personas pueden acceder a lo que has publicado y, a partir de ahí, se ejerce el riguroso derecho personal de querer seguir leyendo después del primer capítulo o buscar un relato que te atraiga más.


A eso se dedican este equipo de personas llenas de buenas intenciones, con una plataforma sencilla y fácil de entender incluso para los que saben lo justo de informática y, por supuesto, con un servicio de atención al usuario que no es de sobresaliente. Es de los que rayan y superan la excelencia. A menudo llegas a pensar que solo vale la pena seguir esforzándote cada día en escribir una página más de esa idea tan genial que has tenido porque sabes que allí tienes a un grupo de personas que te apoyan en la medida de sus posibilidades.


Por ello agradezco especialmente a Sehila, mujer que combina dos virtudes que no suelen irse de copas juntas, la juventud y la paciencia, toda la atención prestada. Sin duda se trata de una profesional que llegará lejos. Cimas más altas alcanzarás.


Podéis visitar su web y registraros. Con una cuenta de Facebook es suficiente, y a partir de ahí, tienes todo tipo de géneros entre donde elegir. Y por supuesto, tres de mis novelas: Las treinta y siete de Andrés García, La residencia y Dos vírgenes y un profesor de inglés.


La URL es www.entreescritores.com.

miércoles, 6 de agosto de 2014

Canciones que no te dejan indiferente III

Una vez colgada en internet mi última novela, podemos darnos unos días para hacer otras cosas. Como pasar un portátil de Windows 8 a Windows 7. Menuda sorpresa me he llevado con la nueva partición GPT. Un tema muy interesante. Y un Windows 8 que te vuelve loco, absolutamente improductivo para una empresa. A los usuarios les gusta descubrir las cosas por sí mismos, no que te lo den todo hecho, y además que te lo den todo hecho como a ellos les parece que te lo tienen que dar. Ese ha sido siempre el talón de Aquiles de Microsoft, estar convencidos de que ellos tenían que guiar al usuario y no el usuario a ellos, como debería ser lógico. Luego se quejan de la piratería. Ya que tenemos que buscarnos la vida con sus nuevas versiones de sistemas operativos, encima vamos a pagar los 100 o 200 euros que te piden por un CD y a buscarte la vida.


Lo cachondo es que llevan así más de veinte años. Lo peor ha sido lo que ha triunfado. Otro día hablaré de informática.


Quisiera recordar en esta ocasión a un grupo que fue relativamente conocido en España hace unos años. Surgido como una escisión de otros grupos menores, se juntaron unos cuantos chavales que tocaban bastante bien. Sabían lo que hacían y su sonido era de los buenos, olvidándose de la estridencia de una guitarra eléctrica con el pedal de distorsión a tope y sin importar demasiado que se oyera al cantante. No. Estos cuidaban su sonido. Pero les pasó lo mismo que a otros, y es que no acertaron con las canciones que compusieron. Puedes ser un gran músico, pero además de eso, necesitas hacer buenas canciones si es que quieres vivir de eso llamado música. Pocos lo consiguen, y ellos no formaron parte de la selecta élite.


Os dejo la que probablemente fue su mejor canción. Aún así, ya se aprecia en ella que exageran en los detalles. Quieren demostrar que son tan buenos que añaden arreglos innecesarios para conformar una canción espectacular, pero que no va a ser recibida con agrado por el gran público. A pesar de ello, es una buena canción. Y una gran voz.


Los Especialistas- Me pudro por ti

martes, 5 de agosto de 2014

Confesiones IV

Cuando trabajaba como informático en un edificio de oficinas, sabía cuál era mi trabajo. Sabía que los ordenadores se estropean, las redes informáticas también, y el único secreto era conocer tu trabajo. O sabías, o no sabías.


Luego entraba otra consideración importante: el trato al usuario afectado. Es como cualquier otro trabajo en el que el trato al público es una parte importante, además de tus conocimientos técnicos. Por eso me da tanta grima ir a Correos. Según quién te atienda. La empresa que te contrata para que lleves el servicio técnico informático de otra empresa no incluye entre tus responsabilidades que tengas que ser amable y poner buena cara aunque te estén apuntando con una pistola en la sien, pero los que llevamos mucho tiempo en esto, sabemos que se trata de un acuerdo tácito, no escrito.


A pesar de ello, no han sido pocos los compañeros, y alguna que otra compañera, que atendían incidencias porque no les quedaba más remedio, e incluso he llegado a presenciar, acompañando a otro técnico, que durante la resolución o no de la avería, mi compañero no dijera una sola palabra más que "tengo que revisarlo de nuevo". Yo nunca actué así. Por eso puedo sentirme satisfecho de que, en cualquier edificio de oficinas que haya estado o atendiendo a clientes particulares, creo que siempre se han llevado un buen recuerdo de mí. Atendía con amabilidad y además, les arreglaba la avería.


Sin embargo, esto de la literatura es completamente diferente. Cuando empiezas, te llenas la cabeza de pájaros sin apenas darte cuenta. Crees que tu primera novela va a ser el bombazo del año y las editoriales se van a pelear por conseguir los derechos de tu obra. Crees que has escrito lo mejor del año, pero la realidad te pone en su sitio. Envías manuscritos, sinopsis, te pones en contacto con editoriales, agentes y todo aquel que creas que puede ayudarte para promocionar tu novela, y te das cuenta de varias cosas que te hacen volver al mundo real.


En primer lugar, te das cuenta de que, cuando envías un manuscrito a la editorial González, lo más probable es que a la editorial González le lleguen mil manuscritos al año. Eso, si los aceptan. Después te enteras de que suelen darte un capítulo de margen. Si el primer capítulo no les atrae, no se molestan en leer el segundo y tu manuscrito va directamente a la basura. Y sí, digo a la basura porque los que estamos metidos en esto sabemos que es así.


Intentas presentarte a algún concurso literario. ¿Por qué no? Tu novela te gusta y crees que puede tener posibilidades. Pero después te encuentras con un concurso literario en el que buscan a nuevos escritores, y meses después, te enteras de que le han dado el premio a un catedrático de Periodismo de la Universidad de Salamanca que acaba de cumplir 65 años. El premio son mil euros, y ese señor lleva treinta años publicando.


Y así, un ejemplo tras otro.


Es prácticamente imposible escribir un libro, una novela, que pueda definirse como decente o interesante, en menos de tres meses. Obviamente, necesitas una idea principal, y a partir de ahí, empezar a desarrollar tramas secundarias y personajes. Es decir: NO SALE EN UNA SEMANA.


Por eso me pregunto si todo este tiempo dedicado a escribir y a intentar encontrar temas interesantes y después depender de que alguien te descubra o te ponga encima de la mesa un contrato de aquellos que te hacen sonrojar porque no puede ser peor para tus intereses, vale la pena. ¿Vale la pena dejarse la vista delante del monitor? ¿Corregir una y otra vez? Incluso corrigiendo una obra ya finalizada, aún encuentras errores, pocos, pero los encuentras. Cuando has escrito una novela de mil páginas, es casi imposible que no te dejes algo por el camino.


Y aún así, no te hacen caso.


¿Vale la pena?

sábado, 2 de agosto de 2014

Canciones que no te dejan indiferente II

Un caso muy curioso el de este chico cubano armado con su guitarra y una suave percusión. A veces lo más sencillo es lo que más te llega al corazón. Nadie le hubiera conocido si no hubieran incluido este tema suyo como tema de fondo al final de un episodio de la serie norteamericana Cold Case. Traducida en España como "Caso cerrado". Y aún así, no consiguió lo que merecía, es decir, muchas ventas. La letra habla por sí sola. A duras penas puede escucharse en YouTube. Os animo a escucharla.


Nil Lara- Vida más simple